A 100 años de la Reforma Universitaria: los dolores que quedan

“Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país con una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.”

Deodoro Roca, Manifiesto Liminar de Ia Reforma Universitaria deI 21 de Junio de 1918

Se cumplen 100 años de un proceso histórico para la educación argentina y para los movimientos juveniles a nivel mundial: la Reforma Universitaria.

¿Qué fue la Reforma Universitaria?

Hace 100 años la enseñanza enciclopédica y memorística, desactualizada o ajena a la realidad social, que se impartía en las universidades era muy criticada. La Universidad de Córdoba era un reservorio de la pedagogía tradicionalista clerical. Autores como Marx y Darwin estaban vedados, se estudiaba de libros religiosos, se juraba únicamente por los Evangelios y se celebraba el día de la Universidad el 8 de diciembre, día de la Virgen. El cuerpo docente no tenía prestigio ni formación y los reglamentos eran modificados sin ninguna participación ni consideración de los estudiantes. No ha de extrañarnos entonces, que allí comenzara el movimiento que se iba a convertir en un faro continental.

La gota que rebalsó el vaso fue el cierre del hospital de clínicas a fines de 1917, sitio donde los estudiantes tenían hospedaje y comida aseguradas. Con la revolución rusa como contexto internacional y el ascenso de la clase media durante el gobierno de Yrigoyen en nuestro país, los estudiantes de la Universidad de Córdoba declaran que la misma era mucho más conservadora de lo que se podía tolerar y empiezan a motorizar sus reclamos.

Las protestas confluyen en la formación del comité pro-reforma que declaran la huelga ante el rechazo de todas sus iniciativas por parte del consejo superior. La Universidad fue un caos. Hasta que el 23 de agosto el presidente Yrigoyen manda como interventor al Ministro de Instrucción Pública José Salinas para que pusiera en marcha las propuestas de los estudiantes: Autonomía, Co-gobierno y libertad de cátedra.

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En las elecciones de las carreras se van imponiendo los decanos favorables a la reforma, Enrique Martínez Paz y Enrique Barrios. Sin embargo a la hora de elegir al rector, la Asamblea viola los acuerdos con los estudiantes y elije a Antonio Nores, un candidato del conservadurismo ultra-católico. Frente a esto, los estudiantes irrumpen en el salón y declaran una nueva huelga. Nores asume en medio de protestas e incidentes y con la universidad llena de policías. La Federación Universitaria de Córdoba exige su renuncia y difunde el “Manifiesto liminar” un documento revolucionario donde figuran punto por punto los reclamos del movimiento estudiantil  y sus justificaciones. El mismo recoge la adhesión de estudiantes, obreros e intelectuales de todo el país.

Finalmente tras una escalada de conflictos y medidas de protesta, en Julio de 1918 Nores renuncia al rectorado. Nacía así una nueva Universidad regida por los siguientes principios:

  • Cogobierno de profesores, graduados y estudiantes
  • Autonomía de las Universidades respecto a los gobiernos
  • Concursos de antecedentes
  • Cátedras paralelas de absoluta libertad
  • Extensión universitaria

En 1921 la reforma universitaria ya alcanza a regir a nivel nacional. Pero el Movimiento Reformista no se iba a detener ahí, sino que se iba a extender rápidamente por toda América Latina: en Perú tomaron sus banderas Víctor Raul Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui, y el reformismo estuvo en el origen de la Alianza Popular Revolucionaria Americana, el primer partido nacionalista popular latinoamericano.

En Cuba el estudiante Julio Antonio Mella dirigió el movimiento reformista, del cual surgió el Partido Comunista de ese país. En Centroamérica las banderas reformistas guiaron las luchas estudiantiles durante décadas; entre sus dirigentes surgió el líder popular salvadoreño Farabundo Martí. En Brasil la reforma universitaria se gestó en un movimiento de jóvenes tenientes del Colegio Militar. En el resto de los países el reformismo se instaló por aquellos años como la alternativa progresista.

Cambiaba así el mapa político y académico de todas las universidades de América Latina y se establecían valores vigentes hasta el día de hoy.

¿Qué legado nos dejó la Reforma?

Llamemos a las cosas por el nombre que tienen: la rebelión estudiantil instaló la política en las casas de estudios; la política como virtud pública, como afán de justicia, como acción creadora y lúcida. Los reformistas se posicionaron como políticos perspicaces que sabían lo que querían. Con su pasión, con su rebeldía, con su juventud, hablaron sin sumisiones con el poder de turno y consiguieron lo que querían.

Resultado de imagen para universidad publica¿Qué discutían? Todo. El derecho a estudiar, el derecho a rebelarse, el derecho a comprometerse con la nación y el mundo. Nada les era ajeno y todo era posible. La rebelión en Córdoba estalló por muchas razones y se propuso diversos objetivos. Fue una rebelión, pero fue algo más que una rebelión. Fundó instituciones. Y movilizó a un sector minoritario concreto de la población, hasta entonces apenas reconocido como un grupo especial dentro de la vida pública, y —dado que muchos de sus miembros todavía estaban cursando estudios— ajeno en gran parte a la economía: la juventud (de clase media).

En 1918, los estudiantes se rebelaron contra el despotismo y la mediocridad. También contra el privilegio y la ignorancia. Impugnaron los dogmas y reivindicaron la inteligencia. Los reformistas renegaron de la universidad devota y reivindicaron la universidad que investiga, que estudia, que elige a sus profesores no por su linaje o su patrimonio, sino por su inteligencia y su saber. Una vez más importa decir que la Reforma Universitaria se hizo para estudiar más y mejor. Al fervoroso discurso religioso opusieron el rigor de la ciencia. Tenían en su cabeza un Estado mucho más complejo que el necesario para un país agroexportador.

Los dolores que quedan

Hace 100 años, quienes habitaban la Universidad, despertaron con la esperanza de los soñadores, y se plantaron frente al poder, cuestionando el autoritarismo de la élite y del clero que imponía una universidad aldeana, oscurantista, reaccionaria y casta.

Hace 100 años un puñado de estudiantes, que al calor de hoy los vemos como próceres, pero que en esos momentos eran pibes, o jóvenes. Como vos, como tantos otros. Sin redes sociales o celulares lograron organizarse para tomar la universidad y contagiar a todes: compañeros, vecinos y obreros. Y cuando los poderosos más les mentían, más aguante ponían. Y aunque no las podían pintar, en las paredes de la UNC quedaron grabadas a fuego las palabras del Manifiesto Liminar, que se transformó en una bandera que flameó por la Argentina, América Latina y el mundo.

100 años pasaron, y en el medio millones de cosas, pero siempre hubo sueños por los que algunos decidieron luchar, y así volver al mundo un poco más justo.

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Hoy en día el sistema universitario argentino es exepcional. Es uno de los pocos del mundo que no tiene exámenes de ingreso, es gratuito y no tiene ninguna limitación de cursada. El libre acceso y la gratuidad abren la posibilidad de ir a la universidad a cualquiera que termina la secundaria. Nadie puede dudar de que, aunque no terminen una carrera, miles de jóvenes y no tan jóvenes pueden nutrirse de conocimientos diversos, explorar ciencias, aprender teorías, conceptos y hacer lecturas que cambiarán su vida.

Sin embargo, en la práctica es un sistema elitista. No tanto como el de la mayoría de los países del mundo, pero elitista al fin. El libre acceso no alcanza para democratizar el acceso a la universidad. El gran problema es que un país con grandes desigualdades sociales como este, le impone una gran distancia y muchos escollos a los sectores populares en la visión de acceder a la Universidad. Uno es el factor económico, ya que en algunos casos para estudiar hay que ir a vivir a otra ciudad, sumar transporte y material de estudio. Pero a su vez también hay que tener en cuenta el nivel educativo, dado que hay exigencias propias de la universidad que hacen que muchos jóvenes que no recibieron ciertos conocimientos básicos en la educación obligatoria no puedan permanecer estudiando.

Por eso solo el 1% de la población se considera universitaria. Por eso la gran mayoría de los sectores populares no acceden a la universidad. Y la gratuidad a través de la inversión pública en la educación universitaria en la Argentina termina beneficiando a los sectores sociales privilegiados. Los recursos destinados a las universidades terminan siendo la mayor transferencias de ingresos a las familias de clases medias y altas de todas las que realiza el Estado.

Al mismo tiempo, en la actualidad el sistema universitario argentino está sufriendo un múltiple ajuste a través de 4 grandes vías. Una es la subejecución del presupuesto, es decir, se gasta menos de lo presupuestado sin explicar por qué. Otra es el recorte directo, que ronda la cifra de mil millones de pesos. A esto se le agrega una paritaria docente a la baja de un 15%, cuando ya la inflación proyectada supera el 30%. Por último encontramos un presupuesto general escaso, que a su vez se ve afectado por la inflación y la devaluación del dólar, lo que encarece los gastos que deben realizar las universidades para materiales e investigaciones.

Tenemos como tarea para hoy recordar lo que hicieron los reformistas hace 100 años, pero también recordar que los derechos y las luchas que nos dejaron, se defienden cada día. Porque aunque parezcan eternos, siempre nos los pueden robar. Hay luchas que ya nos dimos, y muchas más para dar. Defendamos el libre acceso a la universidad, el financiamiento y su gratuidad. Pidamos por becas, por redes de apoyo y tutoría y el rediseño de una escuela secundaria que permita ampliar las posibilidades de acceso a la educación superior. Apoyemos la lucha de quienes día a día defienden y construyen la educación pública. Si queremos contar para el país con una vergüenza menos, creo que tenemos que pelear por una educación universitaria que permita la inclusión de todos los hijos de trabajadores y que produzca conocimientos para toda la sociedad.

Bienvenides a un nuevo cuatrimestre en nuestra Universidad.

Los dolores que quedan, son los derechos que faltan.

Ulises

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